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domingo, 29 de septiembre de 2013

Gonzalo Manglano o la rara madurez

Me tengo por un buen catador de creadores. Desde la madurez que, ay, me otorga la mera cronología, los veo llegar y pocas veces me equivoco cuando apuesto por alguno de ellos. No puedo asegurar cuánto tardarán en conseguir el fin que se proponen, ni siquiera es infalible afirmar que lleguen a conseguirlo porque la consecución de una meta tiene no poco que ver con factores ajenos a la valía, pero sí me atrevo a valorar el equipaje que llevan en su camino.
 
Es el caso de Gonzalo Manglano de Garay al que no me gusta considerar promesa. No se trata de una adivinación de su trabajo futuro sino de una afirmación de su camino ya recorrido. Ha publicado ensayo literario, relatos, y es un excepcional fabulador además de un hombre sumergido en la cultura desde una consideración activa, de animación, de presencia en las más plurales manifestaciones. Siempre está maquinando algo nuevo, siempre nos sorprende con su imaginación desbordante. Además, y acaso debería haber empezado por ahí, es un novelista original, pulcro en el artificio narrativo, sabio muñidor del idioma, minucioso en el adjetivo, resolutivo en las situaciones de la trama, de lenguaje onírico y poético. Ha escrito varias novelas y ha publicado “Crónicas de humo” (Alfama, 2008) en cuyo acto de presentación tuve la fortuna de intervenir.