En el catálogo de escritores
singulares que van apareciendo en el blog no podía faltar César González Ruano
al que conocí y traté. Cuando murió en diciembre de 1965 yo tenía veintiún años
y escribía una columna junto a la suya en el semanario económico “Desarrollo”;
ni él ni por supuesto yo sabíamos nada de economía pero eso para él era lo de
menos y para mí, en su estela, tampoco suponía un obstáculo. Escribí su
necrológica en aquel semanario: “Para César todo era economía”. González Ruano era
entonces el articulista más reconocido de España. Producía tres o cuatro artículos
diarios, consumía tres o cuatro cafés cada mañana, no paraba de fumar, y a la
manera de los periodistas de principios de siglo llenaba las cuartillas sobre una
mesa de café pidiendo recado de escribir; primero lo hizo en el Gijón y luego en el
cercano Teide, hoy desaparecido. Me recibía en su casa de Rios Rosas 54, donde
era vecino de Camilo José Cela y del pintor Manuel Viola, o le visitaba yo en
el Teide (no llegué a tiempo de su etapa del Gijón). De aquella época de mis
ilusiones juveniles conservo una foto dedicada, numerosas dedicatorias en sus
libros y el manuscrito de un artículo suyo, por cierto con falta de ortografía;
aquel día tendría prisa. En una entrada de su “Diario íntimo” recoge uno de
estos encuentros.