Leí
a Manuel Chaves Nogales comenzando la adolescencia. En la biblioteca de mi
padre, que contaba con apenas medio millar de libros pero bien elegidos, que yo
devoré como un poseso, encontré la primera edición de “El maestro Juan Martínez que estaba allí” publicado por
Estampa en 1934. Para muchos pasa por ser una novela pero es un relato “vivido”.
Como escribió Cela, “novela es todo texto que, editado en forma de libro,
admite debajo del título, y entre paréntesis la palabra novela”. Realmente Juan
Martínez, bailarín de flamenco, existió. Chaves Nogales lo conoció en París y
le contó su peripecia durante la guerra civil que sucedió a la revolución rusa
de octubre de 1917. Es una narración de hechos reales como lo es toda la obra
de este singular y excelente escritor y periodista sevillano sobre el que cayó
un inclemente silencio en la larga posguerra. También leí en la biblioteca de
mi padre el retrato, por cierto poco amable y acaso movido por la envidia, que
César González Ruano, amigo mío muchos años después, hace de Chaves
Nogales en sus memorias “Mi medio siglo se confiesa a medias”.