Manuel
Alcántara nació en 1928 y vive sus laboriosos 85 años frente al mar,
en su casa del malagueño Rincón de la Victoria. En Madrid es mi vecino, pero cada vez se
aleja menos de su rincón costero. Ha publicado más de 18.000 artículos, algunos de
ellos recogidos en libros, una decena de poemarios, varias antologías, y es
machadianamente “en el mejor sentido de la palabra, bueno”. En un reciente
viaje leí sus artículos diarios en periódicos provinciales del grupo Vocento;
se publican en la última página lo que hace que suela empezarse a leer el
periódico por el final. Es penoso que sus miradas magistrales sobre la
actualidad no aparezcan en ABC, la cabecera principal de Vocento. Los lectores
nos lo perdemos.
Como articulista literario, Alcántara no sólo es el decano del género sino, además, uno de sus grandes cultivadores, a mi juicio el primero, en la línea de Pemán y de González-Ruano, por poner dos ejemplos. Atesora un senequismo cálido y cercano y una observación aguda y llena de sorpresas. Ha conseguido los máximos galardones del articulismo, entre ellos el “Luca de Tena”, el “Mariano de Cavia”, el “José María Pemán” y el “González Ruano”. A veces en literatura cumplir años y cuajar es acercarse al olvido, no al revés; éste no es el caso. Comienza su poema “Biografia”, en su primer libro “Manera de silencio”, de 1955, con un endecasílabo definitivo: “Lo mejor del recuerdo es el olvido…”.
Como articulista literario, Alcántara no sólo es el decano del género sino, además, uno de sus grandes cultivadores, a mi juicio el primero, en la línea de Pemán y de González-Ruano, por poner dos ejemplos. Atesora un senequismo cálido y cercano y una observación aguda y llena de sorpresas. Ha conseguido los máximos galardones del articulismo, entre ellos el “Luca de Tena”, el “Mariano de Cavia”, el “José María Pemán” y el “González Ruano”. A veces en literatura cumplir años y cuajar es acercarse al olvido, no al revés; éste no es el caso. Comienza su poema “Biografia”, en su primer libro “Manera de silencio”, de 1955, con un endecasílabo definitivo: “Lo mejor del recuerdo es el olvido…”.