Hay poetas que por no
apuntarse al canon que a veces nos abruma no están en la pomada de las
pasarelas literarias tanto como merecen. No han seguido “las modas” porque
saben, como me dijo hace años en París Pierre Cardin, que “moda es lo que pasa de moda”. Son poetas
que han construido su voz propia desde una dedicación rigurosa, mantenida,
siempre dando pasos adelante en una obra que la crítica más estimable reconoce
y los lectores -esa minoría juanramoniana- siguen con interés. No se detienen
un segundo para mirar atrás. Es el caso de Santiago Castelo.