Hace años que me
interesa la novela histórica. De mi curiosidad de lector pasé a mi experiencia
como novelista histórico; mi única incursión en el género novelístico es “Memoria
secreta del Hermano Leviatán”, que tuvo cierta fortuna al ganar el segundo
premio Plaza & Janés en 1988. Aparecieron varias ediciones, y años después,
en 1996, Planeta compró los derechos para publicar la edición de bolsillo. Hoy
la novela sólo sobrevive en las librerías de lance.
La fábula supone una
trampa a la Historia centrada en un gran tramposo: Fernando VII. En una
hipotética memoria dictada por el rey,
ya maduro y achacoso, en El Escorial, cuenta sus experiencias masónicas durante su obligada estancia en el castillo de Talleyrand en Valençay. El rey felón fue uno de los más pertinaces
perseguidores de la masonería y me divertía convertirlo en masón. Mi primera
intención fue escribir la novela sobre Franco y la leyenda de que fue rechazado
en la logia en la que pretendió ingresar durante su destino militar en el norte de
África, rechazo al que se achaca su furibunda persecución posterior a los
masones. Me quedé con la opción de Fernando VII porque la etapa fernandina daba
más juego a un escudriñador de aquel tiempo como lo soy desde mi juventud.