En la segunda entrega de
“Literatura y erotismo” anuncié que la serie se cerraría con una breve -mejor:
brevísima- muestra de mi poesía erótica. He escrito pocos poemas que puedan considerarse
directamente eróticos; sí algunas páginas en prosa que no desentonarían en el
género; en su momento me sorprendió que un capítulo de mi única novela -“Memoria
secreta del Hermano Leviatán”, de 1988- fuese
publicado en la revista “Interviu” con sugerentes ilustraciones de desnudos;
Plaza & Janés, editora de la novela,
debió moverse para conseguirlo. No descarto publicar más adelante en
este blog un relato erótico de una colección que preparo. Ya nos dejó dicho
Mallarmé, y creo que lo recordé ya en otro post, que “todo en el mundo existe para acabar
convirtiéndose en un libro”. Los tres poemas que incluyo son inéditos y
diferentes en sus formulaciones y formas estróficas: “La gallina ciega” de rima
asonante, el soneto heptasílabo “Concierto”, y “Antropofagia” en verso libre.
Espero que a los pacientes lectores de la serie “Literatura y erotismo” les
entretenga este tríptico poético que no es otra cosa que un juego. Al fin y al
cabo la poesía es un hermoso, desnudo, simbólico y emocional juego de espejos.
jueves, 24 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
Literatura y erotismo (IV). Las tediosas sombras de Grey
La trilogía iniciada
con “Cincuenta sombras de Grey” (2011), de la británica Erika Leonard, de
soltera Erika Mitchell, que utiliza el seudónimo de E.L. James, se ha
convertido en el último gran éxito de ventas de la literatura erótica. La edición
española del primer libro de la saga se puso a la venta en junio de 2012 y los
dos siguientes -“Cincuenta sombras más oscuras” y “Cincuenta sombras
liberadas”- un mes después. La trilogía ha vendido más de treinta millones de ejemplares
y sus derechos se han comercializado en cuarenta países, consiguiendo un éxito
superior al de las series “Crepúsculo” y “Harry Potter”, encabezando las listas
de best seller en todos los países en que se ha editado.
“Cincuenta sombras de
Grey” fue desarrollada a partir de la fórmula fanfiction. El término (literalmente ficción de fans) hace referencia a relatos escritos por seguidores de
una obra literaria, de una película, de un programa de televisión, de un videojuego…
En esta fórmula se utilizan personajes, situaciones y ambientes tomados de la
historia original además de los creados por el autor de la fanfiction, otorgándoles nuevos papeles. James inició lo que habría
de ser su trilogía con una fanfiction
publicada en su web con el título de “Amo del Universo”, basada en la saga “Crepúsculo”,
la exitosa serie de Stephenie Meyer, utilizando los personajes creados por la
escritora estadounidense, hasta que se
produjo el rechazo de un sector de lectores por la unión de un material
considerado pornográfico con “Crepúsculo”. James cambió los nombres de los
protagonistas dando vida literaria a Christian
Grey y Anastasia Steele y con ellos a
“Cincuenta sombras de Grey”, lanzado inicialmente como libro electrónico
y edición en papel bajo demanda.
sábado, 15 de marzo de 2014
Literatura y erotismo (III). La escandalosa Anaïs Nin
Anaïs Nin es la primera
mujer occidental que escribe y publica literatura erótica. Su vida llena tres
cuartas partes del siglo XX. Nació en
1903 y murió en 1977. En ese paréntesis se enmarcan los aconteceres de una vida
que en su momento rodearon su nombre de escándalo en una sociedad hipócrita, y se
alienta una obra no menos escandalosa. Su verdadero nombre era Ángela Anaïs
Juana Antolina Rosa Edelmira Nin, nacida en Neuilly-sur-Seine, Francia, hija de
padres cubano-españoles que tomó la nacionalidad estadounidense y vivió y
trabajó en París, Nueva York y Los Ángeles.
Tomó
tempranamente la decisión de ser escritora, a los once años, cuando su padre
abandonó a la familia. Padre e hija no se volverían a encontrar hasta veinte
años después. Es en aquel grave choque emocional de la abrupta ausencia voluntaria
del padre cuando comienza a escribir sus célebres “Diarios” que continuaría
escribiendo durante décadas y en cuyas páginas nos cuenta tanto su vida, con
detalles no pocas veces escandalosos, como las circunstancias del tiempo que le
tocó vivir. Se casó a los 19 años en La
Habana con el banquero Hugh Guiler con
el que se trasladó a París y luego a
Nueva York y a Los Ángeles, pero pronto se sintió aburrida de una vida cómoda,
leyó a D.H, Lawrence que tanto le influyó, y se dedicó a escribir como
profesión.
domingo, 2 de marzo de 2014
Literatura y erotismo (II). D.H. Lawrence y "El amante de Lady Chatterley"
Podría haber elegido otros autores y títulos representativos para tratar en las sucesivas partes de “Literatura y erotismo” de los muchos que se citan en la primera, pero me quedo con éstos por los motivos que explicaré: “El amante de Lady Chatterley”, de D. H. Lawrence, “Diarios”, “Delta de Venus” y “Pájaros de fuego”, de Anaïs Nin, y “Cincuenta sombras de Grey”, de E. L. James. Dedicaré la entrega final a una breve muestra de mi poesía erótica. En esta segunda parte me refiero a la celebrada obra de D. H. Lawrence.
“El amante de Lady Chatterley” se publicó en Florencia en 1928 y no se imprimió en el Reino Unido hasta 1960. Treinta y dos años de sombra. La obra muestra un ambiente rural marcado por la industrialización, en este caso de la minería del carbón, que vive las consecuencias de la primera guerra mundial. Su protagonista se mueve en el contraste entre el instinto y la razón, lo espontáneo y lo convencional. El sexo es una forma de ejercicio de libertad, de conocimiento directo y real, cuando la mujer europea de los años veinte se abría a nuevas costumbres que incluían una creciente liberación en las prácticas sexuales. La novela produjo un gran escándalo y fue prohibida durante un largo periodo de tiempo, aunque fue bien recibida por autores relevantes como Bertrand Russell y Aldous Huxley. La leyenda asegura que esta obra emblemática de Lawrence se persiguió por sus descripciones explícitas de sexo pero, además, se unieron más motivos, aunque comúnmente no han recibido la debida atención.
“El amante de Lady Chatterley” se publicó en Florencia en 1928 y no se imprimió en el Reino Unido hasta 1960. Treinta y dos años de sombra. La obra muestra un ambiente rural marcado por la industrialización, en este caso de la minería del carbón, que vive las consecuencias de la primera guerra mundial. Su protagonista se mueve en el contraste entre el instinto y la razón, lo espontáneo y lo convencional. El sexo es una forma de ejercicio de libertad, de conocimiento directo y real, cuando la mujer europea de los años veinte se abría a nuevas costumbres que incluían una creciente liberación en las prácticas sexuales. La novela produjo un gran escándalo y fue prohibida durante un largo periodo de tiempo, aunque fue bien recibida por autores relevantes como Bertrand Russell y Aldous Huxley. La leyenda asegura que esta obra emblemática de Lawrence se persiguió por sus descripciones explícitas de sexo pero, además, se unieron más motivos, aunque comúnmente no han recibido la debida atención.
viernes, 21 de febrero de 2014
Literatura y erotismo (I)
Desde el Antiguo
Egipto, con los papiros de Turín y de Leide, a la trilogía “Cincuenta sombras
de Grey”, de 2011, la literatura erótica ha seguido un camino paralelo a las
costumbres más o menos permisivas de cada tiempo. Se confunde con la
pornografía cuando el relato resulta muy explícito. Lo erótico exalta el placer
desde la belleza, la sensibilidad y debe presumírsele calidad literaria; lo
pornográfico se apunta a la obscenidad, devalúa la relación de los cuerpos, y a
menudo resulta sucio, además de que comúnmente su calidad es más que dudosa. Cada
época ha tenido sus maestros eróticos en prosa, en verso y en el memorialismo.
Ha habido referencias eróticas en grandes obras literarias fuera del género,
como en el Quijote cervantino o en “Ulises”
de Joyce.
En Grecia, 400
años antes de Cristo, Aristófanes lleva al teatro su Lisístrata, un siglo
después Sotades escribe los poemas obscenos que le llevan a la cárcel, y en el
siglo siguiente Luciano compone “Los diálogos de Cortesanas”, considerado el
primer libro pornográfico. En Roma entre el siglo II antes de Cristo y el siglo
I aparecen los Priapeos o Priapeya, poemas dedicados al dios Príapo, y poemas de
Marcial, Juvenal y Horacio, entre otros, además de “El arte de amar”, de Ovidio y “El
Satiricón”, de Petronio.
domingo, 9 de febrero de 2014
Del español y el castellano
Camilo José Cela me
favoreció con su amistad desde que yo era un jovencito. Llegué a su casa madrileña
de la calle de Ríos Rosas una mañana de julio de 1963, con sólo 19 insolentes
años recién cumplidos, para hacerle una entrevista; había concertado la cita José
García Nieto que era algo así como mi padrino poético y el responsable de que
aquel año apareciese mi primer libro de versos. Perdono su insistencia, aunque
acaso no debería, ahormada en el consejo taurino que me regaló: “O te lanzas al
ruedo aunque tengas pánico, o nunca lo harás”. Es un libro de tanteo que no figura
representado en mis antologías.
Lo he contado alguna
vez. Cela me recibió en calzoncillos, despeinado y con un cigarrillo moribundo
entre los dedos. Al poco de yo llegar desapareció del salón dejándome al
cuidado de un cerro de folios mecanografiados. “Vete corrigiendo las erratas,
muchacho -me dijo-; voy al baño”. Creo
que el libro era “Izas, rabizas y colipoterras”. Luego hablamos hasta la hora
de comer; Cela había quedado con García Nieto que era su compadre y que, andando
el tiempo, sería académico y recibiría el Premio Cervantes en 1996, un año
después que él. “Vente a comer, Pepe se alegrará”. En aquel encuentro nacieron
no sólo la amistad y la entrevista; también una lección de periodismo que la
experiencia confirmaría y que ya he contado por ahí: la entrevista la cobra el entrevistador
y la salva el entrevistado. Ahora los entrevistadores buscan un protagonismo
impropio: interrumpen, opinan, se empeñan en que conozcamos lo que ellos
piensan o creen cuando lo que nos interesa es lo que opina el entrevistado. Lo
que permanece inalterable es que los entrevistadores cobran la entrevista, y el
entrevistado la convierte en un acierto o en un pestiño.
domingo, 2 de febrero de 2014
En la muerte de dos poetas: José Emilio Pacheco y Félix Grande
Al finalizar enero, en menos de una semana, se nos fueron dos poetas de cuerpo y alma enteros, unidos -que no separados- por el océano. El mexicano José Emilio Pacheco y el español Félix Grande. Conocí a los dos; cortamente a Pacheco y largamente a Grande. Pacheco es una de las voces más vivas, originales y completas de la poesía iberoamericana, y Grande es un poeta personal, alejado de las modas, de palabra precisa y honda.
Mi primer encuentro con José Emilio Pacheco se produjo cuando ambos fuimos ponentes en uno de los Cursos de Verano que la Universidad Complutense organizaba en Aguadulce, Almería, creo que en 1990. Aparte de lo que hablamos durante las jornadas del curso, una incidencia en el regreso a Madrid me permitió gozar de su conversación durante horas; suspendido el vuelo, los organizadores decidieron disponer un coche para nuestro viaje, perentorio ya pues Pacheco tenía billete cerrado para México. Desde Almería fuimos directamente a dejarlo en Barajas.
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