Es
canónico considerar que Borges es en sí mismo toda una literatura. Mi fervor
por él nació en la adolescencia y perseguí escuchar su palabra durante años.
Cuando viajé a Buenos Aires él no estaba allí y nuestros dos encuentros se
celebraron en Madrid. El primero en una recepción a escritores en el Palacio de
la Zarzuela cuando recibió el Premio Cervantes, y el segundo en una comida a
cuatro en un restaurante típico, ya desaparecido, del barrio de las Letras, a
la espalda del Hotel Palace.