domingo, 9 de febrero de 2014

Del español y el castellano

Camilo José Cela me favoreció con su amistad desde que yo era un jovencito. Llegué a su casa madrileña de la calle de Ríos Rosas una mañana de julio de 1963, con sólo 19 insolentes años recién cumplidos, para hacerle una entrevista; había concertado la cita José García Nieto que era algo así como mi padrino poético y el responsable de que aquel año apareciese mi primer libro de versos. Perdono su insistencia, aunque acaso no debería, ahormada en el consejo taurino que me regaló: “O te lanzas al ruedo aunque tengas pánico, o nunca lo harás”. Es un libro de tanteo que no figura representado en mis antologías.
 
Lo he contado alguna vez. Cela me recibió en calzoncillos, despeinado y con un cigarrillo moribundo entre los dedos. Al poco de yo llegar desapareció del salón dejándome al cuidado de un cerro de folios mecanografiados. “Vete corrigiendo las erratas, muchacho -me dijo-; voy al baño”.  Creo que el libro era “Izas, rabizas y colipoterras”. Luego hablamos hasta la hora de comer; Cela había quedado con García Nieto que era su compadre y que, andando el tiempo, sería académico y recibiría el Premio Cervantes en 1996, un año después que él. “Vente a comer, Pepe se alegrará”. En aquel encuentro nacieron no sólo la amistad y la entrevista; también una lección de periodismo que la experiencia confirmaría y que ya he contado por ahí: la entrevista la cobra el entrevistador y la salva el entrevistado. Ahora los entrevistadores buscan un protagonismo impropio: interrumpen, opinan, se empeñan en que conozcamos lo que ellos piensan o creen cuando lo que nos interesa es lo que opina el entrevistado. Lo que permanece inalterable es que los entrevistadores cobran la entrevista, y el entrevistado la convierte en un acierto o en un pestiño.

domingo, 2 de febrero de 2014

En la muerte de dos poetas: José Emilio Pacheco y Félix Grande

Al finalizar enero, en menos de una semana, se nos fueron dos poetas de cuerpo y alma enteros, unidos -que no separados- por el océano. El mexicano José Emilio Pacheco y el español Félix Grande. Conocí a los dos; cortamente a Pacheco y largamente a Grande. Pacheco es una de las voces más vivas, originales y completas de la poesía iberoamericana, y Grande es un poeta personal, alejado de las modas, de palabra precisa y honda.

Mi primer encuentro con José Emilio Pacheco se produjo cuando ambos fuimos ponentes en uno de los Cursos de Verano que la Universidad Complutense  organizaba en Aguadulce, Almería, creo que en 1990. Aparte de lo que hablamos durante las jornadas del curso, una incidencia en el regreso a Madrid me permitió gozar de su conversación durante horas; suspendido el vuelo, los organizadores decidieron disponer un coche para nuestro viaje, perentorio ya pues Pacheco tenía billete cerrado para México. Desde Almería fuimos directamente a dejarlo en Barajas.

sábado, 25 de enero de 2014

Bibliófilos, bibliómanos y bibliopiratas

Los bibliófilos pueden caer en la tentación de convertirse en bibliómanos o en bibliopiratas desde ese fetichismo más o menos asumido de todo coleccionista. No es inoportuno dedicar un post a la bibliomanía. No pocas veces la búsqueda de ejemplares singulares ha llevado al robo y, al menos en la leyenda, al asesinato.
 
La historia anota célebres robos de libros y documentos. El bibliófilo Francisco de Mendoza nos recuerda dos. El primer mapa en el que aparece representada América lo realizó Juan de la Cosa y lo entregó a la reina Isabel la Católica en 1500. Las tropas napoleónicas lo robaron de la Casa de Contratación de Sevilla, y en 1832 fue vendido en una almoneda parisina. Al fallecer en 1854 su comprador, un diplomático holandés, fue adquirido en subasta por el Gobierno español y desde entonces se conserva en el Museo Naval de Madrid. Otro caso arquetípico de robo es el del “Cancionero de Baena”. Se encontraba en la Biblioteca Real en 1820, trasladado desde la biblioteca del monasterio de El Escorial. Desapareció y reapareció en 1824, ofrecido en una subasta en Londres. Lo compró el famoso bibliófilo Richard Heber, y a su muerte fue de nuevo subastado en 1836. Adquirido por la Biblioteca Nacional de Francia, está allí desde entonces.
 

lunes, 13 de enero de 2014

El Saddam Hussein que conocí y un poema final

En el subtítulo del blog se anuncian sus contenidos: “poemas”, “fragmentos de memorias” y “notas de lecturas”. Este post responde a los dos primeros anuncios: es un fragmento de mi memoria y concluye con un poema nacido del hecho que se relata.

Josep Pla, una de las cumbres del memorialismo, del periodismo y de la literatura en catalán y castellano en el siglo XX, vertió en su ingente obra inteligentes opiniones sobre el oficio de periodista, cuando éste alcanza altura y no se queda en mero reflejo chato y vulgar o en  manipulación consciente o inconsciente. De entre todos esos  juicios hay uno que viene bien a la ocasión: “El periodismo abre un campo vastísimo a la observación y provoca contactos humanos muy variados, a veces lleno de interés”. Mi amplio ejercicio periodístico por esos mundos me ha permitido vivir en primera persona esa afirmación del escritor ampurdanés. Uno de esos contactos humanos lleno de interés lo protagonizó mi larga conversación con Saddam Hussein, en el Bagdad de finales de 1973, muchos años antes de que este hombre, considerado ya entonces como un halcón de la política árabe, se convirtiese en personificación de lo que Washington consideró “eje del mal”.

miércoles, 1 de enero de 2014

Foxá o el ingenio al vitriolo

Agustín de Foxá, “conde de lo mismo” como él solía decir, y diplomático de carrera, representa un caso curioso dentro de aquella generación de escritores partida en dos por la guerra civil. Figura entre los ganadores de la guerra, aunque no combatió en ella, y a él se debe la más interesante novela sobre la contienda desde la perspectiva de los sublevados: “Madrid de Corte a checa”, reeditada una y otra vez hasta nuestros días. Como poeta su obra sufre altibajos y resulta desaliñada y presurosa, con la excepción de su producción dramática en verso en la que destaca “Cui-Ping-Sing”, una delicia de temperatura poética, y menos “Baile en Capitanía”. Pero acaso lo mejor de la obra de Foxá se publicó en los periódicos; fue un genial articulista y un minucioso -aunque ocasional- corresponsal en la segunda guerra mundial, de modo que cuando fue elegido para ocupar un sillón en la Real Academia Española él mismo no dudó en atribuir la elección a su producción periodística.

Foxá desbordó de ingenio el tiempo que le tocó vivir. Le perdía hacer frases ocurrentes, rápidas y demoledoras. Es su obra no recogida en libro alguno. Permaneció sólo en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de ser testigos y la transmitieron a sus contemporáneos. Algunas de esas muestras de su ingenio le crearon problemas en un tiempo monolítico en el que en las alturas se encajaba malamente la ironía sobre asuntos políticos.
 

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Libros para la noche de Reyes de la tía Enriqueta

El libro “Ambiciones y reflexiones” que le han escrito a Belén Esteban -ella misma se considera  "princesa del pueblo" sin más equipaje que sus  histriónicas comparecencias televisivas- va ya por la séptima edición y figura entre los libros más vendidos junto a obras del Papa Francisco, de Chéjov, de Vargas Llosa y de Pérez-Reverte. La célebre y vetusta Editorial Espasa cuenta con esta nueva autora en un catálogo en el que hace más de ochenta años  figuraron, entre las de tantos otros maestros de la  escritura, primeras ediciones de Baroja, de Azorín, de Jarnés, de Ciges Aparicio, de Espina, y la primera gran biografía de Pablo Iglesias debida a Juan José Morato. Así está el mundo editorial.

En las listas de libros más buscados por el pueblo soberano aparecen también “No estamos locos”, del Gran Wyoming, al que en la web de la Casa del Libro consideran un “polígrafo” -"ilustre polígrafo" está considerado Menéndez Pelayo, apurando la curiosa comparación-, y “Desde dentro”, las memorias de David Bisbal. El libro del Gran Wyoming enriquece el catálogo de Editorial Planeta y el de David Bisbal supone otro refuerzo intelectual para la Editorial Espasa. Quedan reflejadas cabalmente las preferencias, no sólo de la sociedad destinataria sino de la industria editorial. La pérdida  del valor social del menester intelectual es evidente.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Stendhal y la novela histórica

Hace años que me interesa la novela histórica. De mi curiosidad de lector pasé a mi experiencia como novelista histórico; mi única incursión en el género novelístico es “Memoria secreta del Hermano Leviatán”, que tuvo cierta fortuna al ganar el segundo premio Plaza & Janés en 1988. Aparecieron varias ediciones, y años después, en 1996, Planeta compró los derechos para publicar la edición de bolsillo. Hoy la novela sólo sobrevive en las librerías de lance.

La fábula supone una trampa a la Historia centrada en un gran tramposo: Fernando VII. En una hipotética memoria dictada por el rey, ya maduro y achacoso, en El Escorial, cuenta sus experiencias masónicas durante su obligada estancia en el castillo de Talleyrand en Valençay.  El rey felón fue uno de los más pertinaces perseguidores de la masonería y me divertía convertirlo en masón. Mi primera intención fue escribir la novela sobre Franco y la leyenda de que fue rechazado en la logia en la que pretendió ingresar durante su destino militar en el norte de África, rechazo al que se achaca su furibunda persecución posterior a los masones. Me quedé con la opción de Fernando VII porque la etapa fernandina daba más juego a un escudriñador de aquel tiempo como lo soy desde mi juventud.